Comenzó el proyecto “El cuidado en la agenda pública: estrategias para reducir las desigualdades de género en Argentina”

18/12/2012 - Argentina

 

Esta iniciativa conjunta de ELA -Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, ADC - Asociación por los Derechos Civiles y CIEPP - Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas analiza el cuidado desde su múltiples dimensiones, con el objetivo de instalarlo en el centro del debate público en nuestro país.

Se dio comienzo al proyecto “El cuidado en la agenda pública. Estrategias para reducir las desigualdades de género en Argentina”, que se extenderá hasta octubre de 2014 y que cuenta con el apoyo financiero de la Unión Europea. 

En Argentina, en el 80% de los hogares, las tareas domésticas y el cuidado cotidiano de niños, niñas, adolescentes, personas adultas mayores y/o con discapacidad recaen exclusivamente sobre las mujeres. Esto sucede, entre otras razones, porque los recursos y la oferta pública para el cuidado son muy escasos. En el caso de niños y niñas, estos recursos están concentrados en las edades en las que la educación es obligatoria y se ofrecen a tiempo parcial. Además, sólo se contemplan algunas políticas de conciliación entre la vida familiar y el trabajo para aquellas trabajadoras que pertenecen al mercado laboral formal y están insertas en empleos asalariados y registrados. 

En este sentido, esta iniciativa busca contribuir a la reducción de las desigualdades de género en nuestro país a través de la formulación de propuestas que valoricen el cuidado como responsabilidad colectiva y lo integren en las políticas públicas, en condiciones de igualdad, y como eje para el desarrollo. 

El proyecto, que parte de un abordaje integral del cuidado, está dirigido a un amplio conjunto de destinatarios. Entre los principales beneficiarios de las acciones se encuentran decisores políticos del Estado nacional, provincial y municipal, así como legisladores de distintas jurisdicciones, formadores de opinión; empleadores del sector privado y del sector público; sindicatos; y organizaciones sociales y comunitarias, especialmente las de mujeres. Si bien la iniciativa busca establecer estrategias a nivel nacional, las actividades se concentrarán en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los municipios de Morón y San Martín (Buenos Aires), San Salvador de Jujuy (Jujuy) y Resistencia (Chaco). 

La primera etapa incluye la realización de un diagnóstico exhaustivo y actualizado de la situación del cuidado en la Argentina, con referencia a legislación, buenas prácticas y situación de demanda y oferta de servicios de cuidado. Posteriormente se pondrán en marcha talleres de sensibilización y capacitación, dirigidos a distintos sectores políticos y sociales. 

Para mayor información:
http://www.ela.org.ar/a2/index.cfm?fuseaction=MUESTRA&codcontenido=1353&plcontampl=12&aplicacion=app187&cnl=4&opc=6


 

El aporte del feminismo a los cambios en América Latina

10/12/2012 - Argentina 

 

Acaba de ser publicado por Grupos de Trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) el texto Feminismo y cambio social en América Latina y el Caribe. Coordinado por Alba Carosio, cuenta con ensayos de Magdalena Valdivieso, Alicia Girón, Norma Vasallo Barrueta, Montserrat Sagot, Alba Carosio, María Luisa González Marín, Patricia Rodríguez López, Alejandra Arroyo, Silvia Berger, Raquel Irene Drovetta, María Chaves y Eugenia Correa. A continuación reproducimos la primera parte de la Presentación de Alba Carosio. 

Transcurridos ya 10 años del Siglo XXI, las luchas por la igualdad, la libertad y la justicia tienen en América Latina y el Caribe un espacio diverso y vibrante de prácticas, resistencias, luchas, reflexiones y propuestas contrahegemónicas y antineoliberales, con variadas situaciones y coyunturas de transformación radical y construcción de alternativas. De maneras y en etapas diferentes, los países en la región están mirando hacia sus condiciones históricas, sus capacidades y la viabilidad de construcción de sociedades más justas, objetivos en los que la integración tiene un papel fundamental. Sin embargo, también en la región, hay importantes y fundamentales regresiones en curso y renovados peligros. 

En este contexto de luchas por transformaciones regionales, y también globales, estamos frente a la gestación de nuevos marcos de sentido, se han abierto una diversidad de espacios transformadores y múltiples voces de sujetas y sujetos emergentes dialogan y alimentan las nuevas o renovadas formas de interrogar la realidad, de aportar saberes y opciones, de mostrar lo antes invisible, y de construir una igualdad más profunda y abarcante. Entre ellos el feminismo como teoría, praxis y proyecto ético político que reivindica la diferencia y la igualdad de la mitad de la humanidad, ha venido pensando desde una periferia cotidiana, común y naturalizada, y ha venido aportando análisis desveladores de la invisible discriminación y opresión sexual, junto con potencia subversiva, utopías radicales y propuestas emancipatorias. 

Hay una vitalidad feminista renovada que no deja de protagonizar luchas por la profundización de la igualdad y la emancipación. En el contexto del pensamiento antihegemónico, el pensamiento feminista ha producido una teoría crítica que demuestra que los rostros de la dominación son múltiples, y por lo tanto deben ser diversas las formas y los agentes de resistencia a ellos. Sacar a la luz la experiencia de las mujeres, sus aportes y su estar en el mundo, es por sí mismo un proceso constructor y ampliador de la emancipación. La histórica discriminación-opresión-explotación de las mujeres como conjunto subalterno, cruza de manera percibida como natural todas las formas de dominación. Por este motivo, la opresión de género es naturalizada incluso dentro de movimientos y pensamientos emancipatorios. Mientras que los discursos de legitimación de la desigualdad de clase o de raza suelen ser rápidamente detectados y neutralizados por la crítica, los discursos de legitimación de la desigualdad entre los sexos pasan todavía, por lo común, desapercibidos y continúan, por lo tanto, activos. 

Nuestra América es territorio de expresión de feminismos antihegemónicos –como muestra Francesca Gargallo– y anticoloniales, a partir de las vivencias de femineidades en resistencia, las que siempre acompañaron las luchas por la liberación latinoamericana y los movimientos políticos. Sin embargo, las necesidades y propuestas feministas son poco comprendidas y frecuentemente postergadas, y aún hoy impugnadas por relatos utópicos que dejan intacto el patriarcado, y se niegan a comprender su articulación vital con el capitalismo, el racismo y el imperialismo. El feminismo es un pensamiento crítico, contrahegemónico y contracultural, que se plantea desmontar la opresión y explotación patriarcal, fundada en el contrato sexual que da base al contrato social. 

La sociedad organizada a partir del contrato social se articula en dos esferas, pero sólo la esfera pública –a diferencia de la esfera doméstica– es designada como históricamente relevante. En el sustrato social sumergido e invisibilizado, el contrato sexual define las relaciones entre mujeres y hombres, legitima la diferencia como desigualdad con el ejercicio cotidiano de derechos y deberes, establece la pertenencia de las mujeres al espacio doméstico jerárquicamente subordinado, despreciándolo e instaurando plusvalía sexual, es decir, el patriarcado. A partir del desvelamiento de la construcción social de las identidades sexuadas, el feminismo elabora una teoría de las relaciones de poder entre los sexos y con una voluntad ética y política de denuncia de las deformaciones conceptuales de un discurso hegemónico basado en la exclusión e inferiorización de la mitad de la especie humana. Pero también, y cada vez más, el feminismo contemporáneo, profundiza la reflexión desde lo concreto, y desde la específica subordinación de mujeres latinoamericanas –pobres, negras, indígenas–, como categoría política que articula memorias historias y siglos de subordinación y también de luchas y propuestas, reconociendo que las mujeres no son un grupo homogéneo, por el contrario, emergen testimonios y movimientos de mujeres que parten de la pertenencia étnica, de la pertenencia de clase, geográfica, etc., y que implican el reconocimiento de la complejidad del sujeto colectivo feminista que aporta visiones nuevas y contrarias al simple marco liberal de derechos. 

La gran transformación neoliberal, acaecida durante más de treinta años, impulsó una transición vertiginosa donde las mujeres pasaron rápidamente al mercado laboral y a la vida pública como estrategia para la supervivencia económica. La incorporación femenina en todas las tareas cobró fuerza en las últimas décadas, en América Latina y el Caribe obligada por el aumento de la pobreza y las consiguientes fracturaciones familiares. En América Latina, un tercio de los hogares tiene jefatura femenina, y durante la década de los noventa en algunos países estos hogares aumentaron hasta un 50%. El índice de feminidad en la pobreza ha aumentado de 107 a 119 mujeres por cada 100 hombres en hogares pobres, entre 1990 y 2006 (Fuente: CEPAL,2009). En términos de pobreza, a la década perdida de los ochenta le siguieron unos difíciles noventa y un nuevo siglo con logros. En el proceso de la crisis las desigualdades entre hombres y mujeres, agudizadas por el modelo neoliberal, afloraron con mayor intensidad. Antes de este momento de agudización, el feminismo como pensamiento ético, político, social y económico había venido haciendo importantes contribuciones a la crítica de este modelo. Especialmente explicando las consecuencias de la elevada concentración e inequidad presente en éste, además ha venido debatiendo y proponiendo ideas para la construcción de alternativas para otro mundo posible. 

En el actual momento de América Latina, no solamente hay críticas y luchas, hay también un cambio histórico en curso. Como sucede en épocas de cambios paradigmáticos, generalmente la práctica se adelanta a la teoría. Hay nuevas dinámicas de participación política que las mujeres están impulsando desde ellas mismas, junto con otros/as sujetos de acción transformadora, en confluencia y en disputa por alimentar una perspectiva de emancipación. Los feminismos latinoamericanos han venido actuando con una peculiar combinación de lucha política, movilización callejera, subversiones culturales, negociación y presión hacia los poderes oficiales, diálogos interculturales, junto con una reflexión permanente sobre los avances y las contradicciones de sus prácticas. Las profundas transformaciones sociales y políticas en América Latina han ido de la mano del pensamiento feminista que se han forjado a través de las luchas sociales y de las grandes desigualdades entre hombres y mujeres. 

Si la igualdad comienza a ser un horizonte posible en América Latina y el Caribe es porque cuenta con la presencia de sujetos colectivos con capacidad de resistencia y autonomía para definir sus prioridades y proyectos emancipatorios. Las voces de todas las mujeres, indígenas, negras, blancas, rurales, urbanas, trabajadoras domésticas, discapacitadas, jóvenes, viejas, migrantes, lesbianas, transexuales son imprescindibles para repensar y demandar la igualdad, la justicia social y la democracia. El feminismo en América Latina y el Caribe se piensa y repiensa a sí mismo junto con la necesidad de construir una práctica política que tenga en cuenta, la imbricación de los sistemas de dominación como el sexismo, racismo, heterosexismo y el capitalismo, en diálogo con prácticas antisistémicas, y en corresponsabilidad por la prefiguración de alternativas más justas. Las opresiones percibidas y nombradas por el feminismo latinoamericano son materia prima para propuestas audaces que enriquecen miradas y subvierten la fragmentación social, la mercantilización, la desintegración de la vida y el patrimonialismo heredado del neoliberalismo que pervive incluso en el interior de las dinámicas y procesos de cambio. Una ética feminista de la convivencia busca superar el modelo procesal y jurídico de las relaciones humanas,porque carece de la solidaridad y de la profundidad necesaria para humanizar la sociedad. Esta línea ética lleva a posiciones políticasque conducen a transformaciones reales de la cotidianeidad. 

Se trata de pensar el feminismo en relación con los cambios en América Latina y el Caribe, a través de la complejidad y entrecruzamiento de las múltiples y diversas dominaciones y propuestas emancipatorias en relación con la coyuntura de la región. La hipótesis es que el feminismo como pensamiento crítico, utopía ético política y movimiento social ofrece importantes contribuciones a los procesos de cambio en América Latina y el Caribe y a la generación de propuestas y alternativas emancipadoras. 

Fuente: COMUNICAR IGUALDAD 

Para mayor información: http://www.comunicarigualdad.com.ar/2602/


 

No puede sostenerse la ausencia de reglamentación del sector más importante del trabajo femenino

10/12/2012 - Argentina 

 

Foto destacada: Tomada durante el I Encuentro Regional Cono Sur del Programa Construyendo una agenda de derechos laborales de las mujeres, organizado por el Fondo de Mujeres del Sur los días 3 y 4 de noviembre en la Ciudad de Córdoba.

Con la media sanción que semanas atrás dio el Senado el proyecto de Ley de Régimen Especial de Contrato de Trabajo de Personal de Casas Particulares, estaríamos muy cerca de lograr un nuevo régimen laboral para las personas empleadas de casas particulares, el 98% de las cuales son mujeres. Esto pondría a Argentina a la par de otros países de América Latina que ya avanzaron en los últimos años en la regulación del sector. Sin embargo, aún falta que el Poder Ejecutivo pida que el proyecto sea tratado en las sesiones extraordinarias del verano ya que caduca el 28 de febrero. 

El jueves 29 de noviembre, la Cámara Alta aprobó el proyecto de Ley de Régimen Especial de Contrato de Trabajo de Personal de Casas Particulares, que regula la actividad de un sector integrado en un 98% por mujeres que representan el 14% de la población económicamente activa de la Argentina, aproximadamente un millón de mujeres. Sin embargo, el proyecto debe volver a la Cámara de Diputadas/os para transformarse en ley ya que el Senado hizo modificaciones a la media sanción que le había llegado de la Cámara Baja. Y esto debe suceder antes del 28 de febrero, cuando el proyecto caduca luego de haber sido presentado por la presidenta en la apertura de sesiones extraordinarias del 2010. 

El proyecto aprobado por el Senado en particular el jueves 29 mantiene sustancialmente las transformaciones propuestas por el Poder Ejecutivo y aprobadas por la Cámara Baja, esto es la asimilación del trabajo en casas particulares al resto de los trabajos, con características no discriminatorias para el sector. Las personas empleadas en casas particulares se rigen actualmente por el Decreto-Ley 326/56 y por su Decreto Reglamentario 7979/56, ambos emitidos durante la dictadura militar liderada por Pedro Aramburu. Se trata de una norma discriminatoria y carente de derechos que, entre otras cosas, permite jornadas laborales de 12 horas, que la persona empleadora despida a la persona empleada si tiene una enfermedad que dure más de un mes, y no incluye licencias por maternidad (aunque la casi totalidad del sector sean mujeres). 

De acuerdo a una investigación de la Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social del 2009: el 13,9% de la población femenina económicamente activa de Argentina está empleada en este sector, que se constituye así en el más importante para las mujeres, particularmente para las mayores de 40 años. A su vez, las mujeres empleadas en este sector son jefas de hogar en mayor cantidad que las que tienen otros trabajos, tienen pocos estudios –la mayoría no completó el secundario- y muchas de ellas migrantes –internas o de países limítrofes o cercanos-.

Argentina está retrasada en relación a otros países de América Latina en el reconocimiento de derechos de las personas de este sector. Según la investigación ¿De cortocircuitos a sinergias? Determinantes de las políticas de conciliación entre trabajo y familia en América Latina, realizada por MerikeBlofield y Juliana MartinezFranzoni sobre cinco países de la región (Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica y Uruguay), Argentina es el único país que no hizo transformaciones en el status laboral del sector durante los últimos doce años. Acá sólo se reconocen la seguridad social a las personas empleadas en casas particulares, mientras que en países como Costa Rica y Uruguay disponen además de licencia por maternidad, salario mínimo nacional, vacaciones y jornada laboral equiparadas. 

Que haya sido tan postergada la equiparación de derechos de un sector en el que mayoritariamente se desempeñan mujeres tiene relación con la postergación e invisibilización histórica de los derechos humanos de las mismas. El trabajo en casas particulares es un oficio que históricamente desempeñaron mujeres con bajos recursos como una extensión de su condición femenina, ya que en la construcción simbólica del patriarcado se consideró que las mujeres, como tales, tenemos “naturalmente” incorporadas las cualidades necesarias tanto para el mantenimiento y limpieza de los hogares como para el cuidado de niñas y niños, condición que no se presupone de los varones. En un informe reciente del Observatorio para la Discriminación en Radio y Televisión sobre cómo esta construcción y violencia simbólica anclan en violencia mediática, particularmente en productos de ficción, se señala: “(en los productos analizados)… no sólo no se cuestiona la división social del trabajo entre varones y mujeres sino que, en general, tampoco se visibiliza que hay mujeres que contratan a otras para aliviar ‘la doble jornada’, mientras que otras están cumpliendo funciones de reproducción tanto fuera como dentro de su propio espacio doméstico. Asimismo, no se visibiliza la diversidad existente entre las mujeres que se desempeñan en estas actividades, así como se apela a viejos estereotipos para describirlas. Tampoco hay espacio para reflexionar por qué a estas y estos trabajadoras/es se les exige mayor lealtad y compromiso con sus empleadoras/es, aunque su sector figura entre uno de los más explotados y discriminados de la sociedad“.

El debate en las Cámaras

El proyecto que saldrá del Parlamento, si es tratado por la Cámara Baja en sesiones extraordinarias, contempla transformaciones sustanciales para el sector: jornadas limitadas de 8 horas diarias y 48 horas semanales, pago de horas extras, licencia por enfermedad de 3 a 6 meses, y licencia por maternidad de 90 dias, entre otros garantías de derechos en relación al decreto actual. “Lo que siempre buscamos desde el gremio fue la modificación del estatus de trabajo, que se respeten los derechos plenos, y esto está garantizado tanto en el proyecto de la Cámara Baja como en el del Senado, así que estamos conformes –señala Carlos Brasesco, apoderado de la Unión Personal de Casa Particulares (UPACP)-.“ Norma Sanchís, integrante de la organización Lola Mora, tiene una posición similar: “Mi idea no es ponerme en el detalle más riguroso porque el exceso de perfeccionismo puede trabar las propuestas. Esta norma en cualquiera de sus dos versiones es indudablemente un avance enorme. Las leyes siempre pueden ser mejoradas, lo que no puede sostenerse es la ausencia de reglamentación del sector más importante del trabajo femenino.” 

Los dos temas con diferente acercamiento entre ambas cámaras se vinculan al costo económico de la actividad a partir de su reglamentación. Por un lado, si las personas empleadas en el sector podrán o no acceder a la Asignación Universal por Hijo (AUH). En este sentido el proyecto del Senado es más amplio ya que fija el límite no en la categoría de la persona empleada sino en la remuneración, que debe ser inferior al mínimo vital y móvil para tener acceso a la AUH. 

El otro aspecto en discordia tiene que ver con el incremento que tendrían los aportes para el sector empleador. Actualmente, la obra social y jubilación no superan el 4% de un sueldo mínimo, y si se suma el seguro asciende al 7%. La propuesta que salió de la Cámara Baja en cambio, subía los aportes (sumando otros ítems como asignaciones familiares y licencias por maternidad) aproximadamente al 30%. La propuesta salida del Senado, en cambio, dejaba para una etapa posterior a la aprobación de la ley por parte del parlamento, la forma de implementación de los aportes. “El tema básicamente es si el Estado subsidia o no la actividad –señala Brasesco-. Nosotros como gremio creemos que 30% es un aporte muy alto, que debería estar entre un 12% y 15% del sueldo de la persona empleada.” 

Aunque el Senado aprobó el proyecto en particular, y a último momento, hace 10 días, aún no fue ingresado a la Comisión de Legislación del Trabajo. Tampoco está previsto aún si habrá sesiones extraordinarias durante el verano en el Parlamento y desde el Poder Ejecutivo no hubo hasta la fecha indicación de abordar este tema durante las mismas. Si el proyecto no es tratado por la Cámara Baja en enero o febrero, el 28 de febrero perderá estado parlamentario ya que fue presentado en marzo del 2010 y luego prorrogado durante el 2012. 

Fuente: COMUNICAR IGUALDAD 

Para mayor información: 
http://www.comunicarigualdad.com.ar/no-puede-sostenerse-la-ausencia-de-reglamentacion-del-sector-mas-importante-del-trabajo-femenino/ 


 

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