República Dominicana: diálogo social y derechos de los trabajadores

17/06/2013 - República Dominicana 

Entrevista

La Sra. Eulogia Familia, Vicepresidenta de la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) en representación de los Trabajadores es una fuerte defensora y promotora del respeto de los derechos de los trabajadores en la Republica Dominicana, así como de llevar a la práctica el diálogo social. La Sra. Familia nos concede esta entrevista como miembro ejecutivo de la Confederación Nacional de Unidad Sindical (CNUS), con el objetivo de poder conocer su opinión acerca de la situación de los migrantes y lo/as trabajadore/as domestico/as en la República Dominicana. 

Ha sido elegida Vicepresidenta de la CIT, en representación de los trabajadores, ¿qué significa esta elección para los trabajadores de su país? 

En primer lugar, quisiera expresar mi satisfacción por el reconocimiento que se otorga a la labor sindical en la República Dominicana.Esta elección da no sólo un impulso real a la acción de todo el movimiento sindical en el país, sino también a la acción internacional conjunta mediante la labor de solidaridad realizada con la CSA y la CSI. 

El proceso de autoreforma sindical, iniciado con el respaldo de la CSI-CSA, ha estado centrado en dos temas: la igualdad de género y la unidad sindical, a fin de dar a los trabajadores más voz, representación y poder. Este proceso ha permitido el poder acompañar el cambio necesario, en mi país y en todo el mundo, para pasar de las políticas económicas neoliberales a un desarrollo socioeconómico, basado en el trabajo decente, en el que se combatan con firmeza la discriminación y la violencia contra las mujeres, así como cualquier otra forma de discriminación y violencia; en el que los niños puedan ir a la escuela y no al trabajo; y en el que los trabajadores y sus familias puedan acceder a una protección social adecuada y a la seguridad social, con libertad y democracia en el trabajo, a fin de que los trabajadores puedan formar sindicatos independientes y negociar libremente. 

También espero que mi elección sea motivo de esperanza y orgullo para los jóvenes de mi país, ya que es para los jóvenes que estamos empeñados en construir el presente, para que puedan negociar un futuro aún mejor. 

Uno de los temas abordados durante la 102.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo es el diálogo social. ¿Cuáles son los retos que se plantean en este ámbito a los trabajadores de la República Dominicana? 

Lo primero es que el diálogo se transforme en medidas concretas para la promoción de los trabajadores: el diálogo no debe considerarse un fin en sí mismo, sino un medio para obtener resultados.Los resultados del diálogo deben transformarse, en primer lugar, en políticas públicas, ya que el Estado tiene que seguir siendo el principal actor, moderador y ejecutor de las políticas.El diálogo también debe reconocerse como la base de una solución; hay que manejarlo en forma institucional a fin de formular propuestas para la elaboración de políticas a largo plazo. Por ello, es necesario que los mandantes que están representados en el diálogo institucionalizado representen firmemente su mandato. 

En su opinión, ¿cómo puede la OIT intervenir para ayudar a los sindicatos con respecto a los migrantes y los trabajadores domésticos en la República Dominicana? 

La acción de la OIT en mi país, y en todo el mundo, debe ayudar principalmente a que los trabajadores domésticos y migrantes conozcan sus derechos. Muy a menudo estos trabajadores desconocen sus derechos civiles, económicos y políticos, y me parece fundamental empoderarlos.Los trabajadores domésticos y migrantes son tan vulnerables que es imprescindible elaborar para ellos una serie de normas obligatorias en cada país, para que puedan gozar de derechos legítimos. 

En mi país, las tres centrales sindicales nacionales más importantes han suscrito un acuerdo con los empleadores y la sociedad civil, que prevé la realización de un estudio sobre las consecuencias de la ratificación de los Convenios núms. 97 y 143, pues estamos convencidos de que es esencial ratificar estos instrumentos. Por otra parte, gracias también al fuerte apoyo del movimiento trabajador, el Parlamento está debatiendo la ratificación del Convenio núm. 189, que esperamos entre en vigor antes de finales de julio de este año. 

Considero esencial que la OIT haya ampliado recientemente su ámbito de aplicación, con especial énfasis en los trabajadores domésticos, el trabajo forzoso, la trata de personas y la economía informal. La OIT debe dar respuestas a todos los trabajadores, tanto a los de la economía formal como a los que carecen de toda protección. 

Aparte de la OIT, me gustaría hacer hincapié en el papel fundamental que desempeña ACTRAV para las organizaciones de trabajadores. Finalmente, destaco que en mi región es la CSA-TUCA la que ha elaborado una intensa agenda regional, compartida plenamente por sus afiliados. 

Para mayor información:
http://www.ilo.org/actrav/Whatsnew/WCMS_216162/lang--es/index.htm 

"Empleadas de casas particulares: desigualdades de clase y de género"
25/10/2013 - ARGENTINA 

Las particularidades y complejidades de la relación empleador/a – empleada se sentaron a la mesa de discusión en el marco de las jornadas sobre trabajo doméstico organizadas en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES). Las lógicas desigualitarias que estructuran la demanda, el impacto de las prácticas informales sobre los derechos laborales y la comida como configuradora de las relaciones entre las partes, fueron los temas del evento que coordinó Lorena Poblete el pasado jueves 17.


COMUNICAR IGUALDAD- Casi el cien por ciento de las tareas de trabajo doméstico son cubiertas por mujeres y en un alto porcentaje de los casos también las empleadoras lo son. En la división sexual del trabajo, históricamente, recayó sobre ellas la carga de las tareas de la casa y del cuidado de menores y mayores, mientras al hombre le estuvo reservada la función de “proveedor”. En ese contexto, cuando un varón hace una tarea que por mandato corresponde a la mujer, es presentado como algo excepcional y más ligado a la elección y al placer, que a la responsabilidad. 

Una de las últimas publicidades televisivas de una gaseosa de primera marca estuvo basada en el relato de una adolescente sobre las costumbres gastronómicas de su familia. Como el padre y la madre eran de origen italiano y español, la madre cada día debía poner a la mesa opciones de comida representativas de cada tradición. Mientras los y las hijas pasaban sin prestarle atención y elegían los platos dejados sobre la mesa, la mujer seguía parada, de espaldas, abocada a la tarea. La moraleja era que el domingo, “papá” lograba la síntesis perfecta y preparaba el asado criollo. Entonces, con cada quien ocupando prolijamente un lugar a la mesa, el hombre sonreía satisfecho, en primer plano, mientras era aplaudido por unanimidad. Aunque es sólo un ejemplo, vale para pensar el lugar que la mujer y el hombre ocupan al interior de las familias heterosexuales. 
Un largo e intenso camino se recorrió en las últimas décadas, con la incorporación creciente y sostenida de la mujer al ámbito público y al régimen de trabajo remunerado. Sin embargo, poco camino se ha recorrido en el sentido inverso, es decir en el de incorporar al varón a la corresponsabilidad de las tareas del hogar. Mientras algunas mujeres, sobre todo jóvenes, deciden, por ejemplo, no planchar las camisas de ellos, muchas otras lo siguen haciendo. Por el contrario, es muy difícil encontrar varones planchando las remeras de sus parejas. La tercerización de las tareas de la casa y del cuidado de niñas y niños sobrevino como posibilidad ante la tensión de la doble y hasta triple jornada de las mujeres. Lejos de ser la solución ideal, la práctica trajo nuevos conflictos en los que, una vez más, las mujeres son las perjudicadas. Si están del lado de quienes contratan, cae sobre ellas la gestión concreta y financiera (para que se justifique que salga a trabajar debe pagar menos de lo que ella gana por lo que deja de hacer en la casa). Si están del lado de quienes toman los trabajos, se enfrentan a condiciones mayormente precarias de contratación. 

Recién este año, en nuestro país se aprobó el Régimen de Contrato de Trabajo para el Personal de Casas Particulares (Ley 26.844), que regula la cantidad de horas laborales, las licencias y las indemnizaciones. Respecto a las remuneraciones, establece la obligatoriedad del pago de aguinaldo y fija un salario mínimo a determinar por el Ministerio de Trabajo, hasta tanto se constituya la Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares (CNTCP). 
La jornada en IDES se realizó en el marco de un acuerdo de cooperación internacional entre el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación productiva (MINCyT) y el programa ECOS-Sud (Francia). Por Argentina a través de Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CIS-CONICET)/ Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y por Francia a través del CLERSÉ-Université de Lille 1. 

¿Por qué externalizar las tareas domésticas? 
La exposición del francés Francois – Xavier Devetter tuvo como eje el análisis de las lógicas de la demanda, “encastradas en mecanismos que producen desigualdad”. Para él, la externalización de las tareas domésticas se justifica por la falta de tiempo y la necesidad de conciliar la vida profesional y la familiar, mientras que en verdad, “es la desigualdad en el ingreso la variable explicativa” (mano de obra barata y clientela adinerada). 
Respecto a la posición de varones y mujeres frente a la tercerización del “trabajo sucio”, Devetter observa que el hecho de que son las trabajadoras “menos empleables” quienes ocupan los puestos de limpieza, pone en evidencia “la desvalorización de las tareas”. Asimismo observa una “retracción del compromiso de los hombres” que se desentienden cada vez más del tema. Y agrega: “parece que la externalización de las tareas domésticas representa para las mujeres que disponen de ingresos suficientes, el ‘mal menor’, pero sigue siendo una situación menos positiva que la del reparto equitativo entre los géneros”. 

La ambigüedad entre el derecho laboral y las condiciones de informalidad intrínseca
Francisca Pereyra (UNGS) se refirió a la precariedad de la contratación del servicio doméstico “ejercido por mujeres de sectores popular” que conlleva el “refuerzo de su subvaloración” . Remarcó también la expansión de la modalidad que se ha extendido de los sectores altos a los sectores medios. “El servicio doméstico cumple – por lo menos – una doble funcionalidad entre los hogares mejor posicionados, amortiguando/ocultando desigualdades de género y reproduciendo los privilegios de clase”. 
La desvalorización de las tareas de cuidado y la invisibilización de su importancia favorece la informalidad de las contrataciones y se mezcla con conceptos como la “ayuda”. El vínculo de las trabajadoras con la intimidad del hogar empleador crea ilusiones del tipo de “ser parte de la familia” y confunde afectos y favores con responsabilidades, jerarquías y derechos. 
Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares 2012, a mediados de ese año, casi el 85% de las trabajadoras domésticas no estaban registradas. De acuerdo a la investigación de Pereyra, las empleadas, dentro del margen de negociación que pueden llegar a tener, priorizan el tema remunerativo como demanda más urgente que la formalización laboral. Por su parte, las empleadoras “ubican la responsabilidad de la no realización de aportes en que a las propias empleadas no les interesa por temor a perder un plan social o porque tienen cobertura médica por el marido”. La gran dificultad de la formalización se ubica, entonces, en el carácter personalista de los conflictos que no tienen todavía un marco concreto de organización colectiva.

Relaciones configuradas a través de la comida
Para Débora Gorbán (CONICET – IDAES) “la comida construye lugares sociales jerarquizados”. El trabajo doméstico remunerado que se sostiene “a partir de relaciones de subordinación de clase, raza, género y migración” tiene respecto a otro tipo de contrataciones precarias, la particularidad del contexto en el que se realiza la tarea: el hogar empleador. “Los aspectos inferiorizantes de la actividad son incluidos por medio de las prácticas de control y demarcación de límites a través de la comida, la restricción en el tránsito de los espacios, el uso de uniformes, etc.” 
La investigadora señaló que, en gran parte de casos, se justifica la provisión de alimentos diferenciales en un supuesto gusto sofisticado de quienes contratan en contraposición a un gusto sencillo de las empleadas. “Para muchas, es una situación normalizada no poder comer cualquier cosa que haya en la casa, y que, por el contrario, les ofrezcan las sobras o algo distinto a lo que come la familia, de peor calidad; o incluso, en muchos casos, que les prohíban comer”. 
En ese marco, Gorbán, enfatiza el hecho de que frente a las estrategias de control las trabajadoras ensayan tácticas de resistencia. O bien por no aceptar sentarse a la mesa de sus empleadorxs en los casos en que se les ofrece como una muestra engañosa de pertenencia, o bien por desafiar las prohibiciones de comer ciertos alimentos. Como sea, la respuesta no pasiva es un desafío frente a una práctica que opera bajo lineamientos de “jerarquización e inferiorizantes, no solo de la actividad, sino de las propias trabajadoras”. 

El debate
Rosalía Cortés (CONICET –FLACSO) y Valeria Esquivel (CONICET – UNGS) sumaron sus voces al finalizar las exposiciones del panel. Esquivel enmarcó la problemática en un contexto de “multiplicidad de desigualdades” en el que “los varones siempre hacen poco” y enfatizó la necesidad generar un abanico de políticas públicas que acompañen la lucha por la inclusión al ámbito formal y de pleno derecho de las trabajadoras domésticas. Cortés, por su parte, cuestionó la efectividad de los subsidios vía restitución de impuesto a las ganancias para quienes registren a sus empleadas, por beneficiar a las clases más acomodadas en lugar de destinar los recursos en forma directa para las trabajadoras. 
De una u otra forma, lo cierto es que mientras un millón de personas, de las que se estima que el 95% son mujeres, sigan sometidas a condiciones de trabajo precarias y a jerarquías que desvalorizan su tarea e invisibilizan sus derechos, la democracia continuará teniendo una gran deuda para con la sociedad en su conjunto. 

Fuente: Lourdes Landeira, Comunicar Igualdad. 

Para mayor información: 
http://www.comunicarigualdad.com.ar/empleadas-de-casas-particulares-desigualdades-de-clase-y-de-genero/ 

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