APERTURA DEL LLAMADO APLICACIONES

 

 

DAWN abre la convocatoria a inscripciones para el quinto seminario de entrenamiento - 5th DAWN Training Institute (DTI), para jóvenes feministas que trabajan en las áreas de género, economía y justicia política y ambiental.


Lugar a llevarse a cabo:La Havana, Cuba.
Fecha:21 de Noviembre- 7 
de Diciembre del año 2016.

 

·         Les adjuntamos el formulario de Aplicación

·         Por más info: http://www.dawnnet.org/feminist-resources/

 

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¿Techo de cristal o suelo pegajoso?

Mayo 2013 - Cuba

 

Aunque son muchas las cubanas que están preparadas y capacitadas laboral y profesionalmente, son pocas las que llegan a cargos directivos, confirman las estadísticas.

Las mujeres conformaron el 62,7% de las personas graduadas de nivel superior en 2011, de acuerdo con el último Anuario de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). 

Ello debiera darles cierta ventaja para asumir responsabilidades y llegar a puestos en diversos niveles de poder. Sin embargo, apenas son el 37,4% de las personas ocupadas y 34,3% de las que se desempeñan en puestos de dirección en el país, según la misma fuente. 

Esa realidad supone, indirectamente, que dejan de estar en puestos de mayor responsabilidad y también de mejor remuneración, acceso a los recursos y reconocimiento. 

Especialistas reconocen que la brecha mayor entre mujeres y hombres que se mantienen ocupados en actividades remuneradas está, justamente, en las diferencias de su acceso a cargos de dirección. 

"Aún la presencia femenina es baja, sobre todo, si se compara con los altos niveles educacionales alcanzados por las mujeres y su relevante protagonismo en diferentes sectores de la vida del país", afirma la periodista Isabel Moya, autora del estudio "El techo de papel: representación mediática de las mujeres directivas en la prensa escrita cubana".

Este asunto es uno de los más tratados actualmente en la agenda de género, tanto por la academia como el activismo feminista o el movimiento social, sostiene Moya. 

Las cifras, sin embargo, expresan solo una parte del problema, que se identifica también en el lenguaje con múltiples metáforas para aludir a las barreras o factores que lo sostienen. 

Tal es el caso del "techo de cristal" o el "suelo pegajoso", en referencia, respectivamente, al tope invisible que no deja subir más o a la imposibilidad de despegarse de cargas pesadas para seguir un camino ascendente. 

Más allá de los datos duros y las estadísticas, las miradas empiezan a cuestionarse, a la vez, los métodos y estilos de dirección que se aplican y cómo influyen en el empoderamiento femenino. 

De ese modo, afloran preocupaciones como la manera en que esas prácticas puedan estar sesgadas, o no, por las construcciones de género; el predominio de un paradigma masculino de dirección, visto como natural y universal; o cuánto influye la mejoría de la situación y condición de las mujeres en su desempeño y presencia en puestos de responsabilidad. 

El establecimiento de políticas proactivas a favor de la promoción de las mujeres a cargos de dirección, la formación en técnicas de dirección y el cambio cultural hacia un modelo más equitativo fueron las principales estrategias identificadas por un grupo de mujeres directivas para facilitar el acceso femenino a puestos empresariales decisorios. 

El sondeo, al cual SEMlac tuvo acceso, fue realizado en marzo pasado entre 53 participantes en el taller "Mujeres y empresa: estilos de dirección desde la perspectiva de género. ¿Cómo dirigir de manera innovadora?", organizado por la Empresa de Gestión del Conocimiento y la Tecnología (GECYT). 

De las entrevistadas, 68% ejercía algún cargo de dirección y solo 12% había ocupado alguna vez la máxima responsabilidad de una empresa. 

La exploración evidenció que la tercera parte integra los consejos de dirección, donde se toman decisiones, mientras la mayoría (67%) solo participa en órganos asesores, que recomiendan pero no deciden, necesariamente. Sin embargo, un grupo mayor (74%) cree que estar en los espacios decisorios agregaría un valor a la consecución de los resultados. 

De cualquier modo, en sus centros laborales predominan los cargos ocupados por hombres, excepto en las áreas de recursos humanos y contabilidad, dominadas por mujeres. Por sus respuestas se puede inferir que, para ellas, el camino es más difícil y deben estar más preparadas que los hombres para poder alcanzar un puesto de dirección. 

Entre los factores que les abren posibilidades identificaron, en orden descendiente de importancia, la formación y experiencia, la obtención de resultados, el reconocimiento, el plan de formación de dirigentes y la política de impulso al plan de carrera profesional. 

Para el caso de los hombres, creen que coinciden los dos primeros: formación y experiencia, así como resultados laborales. Pero acto seguido identifican el peso que tiene la designación o propuesta del jefe directo, incluso por encima del desempeño que se muestre. 

"Una mayor conciencia de las diferencias y brechas existentes entre hombres y mujeres ayudaría a un mayor y mejor posicionamiento de las mujeres, con probadas capacidades y condiciones", opina Sara Artiles, consultora de GECYT. 

Artiles integra el grupo multidisciplinario que trabaja desde GECYT para impulsar una cultura de género en los diferentes sectores de la economía, potenciar el desempeño femenino y reducir las brechas que hoy día obstaculizan su desarrollo. 

Como empresa del conocimiento, esa entidad promueve la capacitación y el aprendizaje para mejorar las competencias y capacidades de las personas que trabajan en la empresa cubana. 

La especialista detalló que esa línea de acción incluye cursos, talleres, seminarios y organización de redes sobre temas estratégicos, tales como mercadotecnia, calidad, innovación, gestión del talento y capital humano. 

Desde 2012, siguiendo los enunciados del plan de acción de Beijing sobre mujer y economía, GECYT ha realizado cuatro talleres acerca de mujeres directivas, innovación en la dirección empresarial y estilos de dirección, con la participación de más de 300 mujeres de diversos lugares del país, informó Artiles. 

Asuntos de interés relativos al empoderamiento, el uso del tiempo y la inserción en las estrategias empresariales serán el centro de atención en otros cuatro talleres previstos para el actual año, agregó. "Es un trabajo que apenas comienza, se puede decir. Pero hay un camino andado ya por excelentes directivas que, con sus experiencias, buenas prácticas y resultados permitirán avanzar más en un tema todavía inexplorado en todo su potencial", concluyó. 

Fuente: SEMlac, mayo de 2013

Para mayor información:
http://www.defensoria.org.ar/mujeres/36.html?utm_medium=Email&utm_source=Newsmaker&utm_campaign=Newsmaker-mujeres-news-n-70-mayo-de-2013-10-06-2013


 

Igualdad de género y autonomía de las mujeres para 2015

21/01/2013 - Cuba

 

La Habana (PL) Organismos como el Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo coinciden que para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) es imprescindible la igualdad de género, lo cual contribuye a reducir la pobreza. Para nadie es un secreto que las disparidades entre sexos a nivel mundial mostraron cierta convergencia en la primera parte de la última década, sin embargo, esa diferencia aumentó desde que estalló la crisis en 2007.

Dentro de ese contexto, las tasas de desempleo y las diferencias en los niveles de educación de las mujeres son más altas que las de los hombres a escala planetaria y no se prevén mejoras en los próximos años. 

La directora ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet, recordó recientemente que "si bien las mujeres contribuyen a la economía y a la productividad, siguen enfrentando muchos obstáculos que les impiden realizar su pleno potencial económico".

"Esto no sólo inhibe a las mujeres, además frena el rendimiento económico y el crecimiento", afirmó. 

Y agregó: "garantizar la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres no sólo es una medida justa, es también una estrategia económica rentable".

En esa misma cuerda el Banco Mundial reconoció que la entrega de recursos a las féminas pobres y, al mismo tiempo, la promoción de la igualdad de género en el hogar y en la sociedad genera grandes beneficios para el desarrollo. 

En opinión de sus especialistas, la ampliación de las oportunidades de las hembras en los sectores de obras públicas, agrícola, financiero y otros agiliza el avance económico y ayuda a mitigar los efectos de las crisis financieras actuales y futuras. 

Según el Banco Mundial, la igualdad de género es clave para alcanzar los ODM, adoptados en 2000, pues los países que invierten en promover el estatus social y económico de las mujeres suelen tener menos pobreza. 

De acuerdo con un estudio de ese organismo multilateral, un año adicional de escolaridad secundaria en las niñas puede aumentar su salario en el futuro entre un 10 y 20 por ciento, entre otros indicadores. 

Los datos recopilados demostraron que la igualdad de género se logrará con el aumento de la alfabetización de ellas. También contribuirán su participación en la fuerza de trabajo, el fortalecimiento de las políticas laborales y el mejoramiento de su acceso al crédito. 

Otras acciones pueden ser la promoción de los derechos políticos del género femenino, así como la expansión de los programas de salud reproductiva y las políticas de apoyo a la familia. 

Con esas premisas en 2007, el Banco puso en marcha el Plan de Acción sobre Cuestiones de Género, con el fin de centrar el tema en los sectores agrícola, laboral, finanzas e infraestructura. 

Así en 2010 ese programa llevaba a cabo acciones en 44 países pobres por un monto de 29,9 millones de dólares, realmente con escasos resultados, en muchos casos por falta de voluntad política de los gobiernos. 

No obstante, en naciones como Bangladesh se logró paridad de género en educación primaria y secundaria, además de un incremento de certificados de nivel secundario para las niñas, del 39 por ciento en 2001 al 63 por ciento en 2008. 

En Madagascar, por ejemplo, la participación de las féminas en las redes de microfinanciamiento subió del 15 en 1999 al 45 por ciento en 2009. 

Mientras en Senegal, donde la silvicultura sostenible genera unos 12,5 millones de dólares al año, las mujeres son responsables de un tercio de ese desempeño. 

Además, en varios países se aplican estrategias encaminadas a fortalecer la nutrición, la prevención de enfermedades, los programas de salud materna, educación y habilidades de supervivencia de mujeres y niñas, y ampliación del acceso a créditos y oportunidades económicas. 

EMPLEO Y MEDIOS DE VIDA EN EL CORAZÓN DE LOS ODM

Cientos de millones de personas son víctimas de la discriminación en el mundo laboral, lo cual viola derechos humanos fundamentales, y tiene profundas consecuencias económicas y sociales. La discriminación sofoca las oportunidades, desperdicia talento humano muy necesario para el progreso, y acentúa las tensiones y desigualdades sociales. 

Sobre esa realidad, el director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Guy Rider, considera que el empleo y los medios de vida estén en el corazón de la agenda de desarrollo una vez que pase la fecha para alcanzar los ODM en 2015. 

En su opinión, la creación de empleos es la prioridad más apremiante del desarrollo mundial, pues un trabajo decente resulta el mejor camino para salir de la pobreza y constituye también la vía hacia el incremento de las economías. 

"El trabajo se traduce en desarrollo. Por el contrario, donde los empleos escasean o los medios de vida disponibles dejan a las familias en la pobreza, hay menos crecimiento, menos seguridad y menos desarrollo humano y económico", sentenció. 

De acuerdo con esa valoración, la OIT estima urgente generar entre 45 y 50 millones de puestos laborales cada año durante la próxima década para absorber el número de personas que se incorporarán al mercado laboral. 

Pero ese es otro escenario donde las mujeres están rezagadas ya que se dan dos pasos adelante y uno hacia atrás por la disparidad entre sexos en los mercados laborales, que si bien en la primera parte de la última década tuvo cierta convergencia, la crisis lo echó todo a perder. 

Esa diferencia aumentó desde que estalló la recesión en 2007, según un informe de la OIT producido en colaboración con ONU Mujeres, situación que varía bastante de una región a otra y que confirmó tasas de desempleo más elevadas en las mujeres. 

Dicho documento analizó las desigualdades de género en materia de desocupación, empleo, participación de la fuerza de trabajo, vulnerabilidad, segregación sectorial y profesional. 

Sus conclusiones señalan que, de 2002 a 2007 el desempleo femenino se situó en 5,8 por ciento, comparado con el 5,3 por ciento de los hombres, en tanto la crisis incrementó tal disparidad de 0,5 a 0,7 puntos porcentuales, y destruyó 13 millones de empleos para las mujeres. 

Significativo resulta también que la diferencia de género en la relación empleo-población disminuyó levemente antes de la recesión, pero permaneció alta, en 24,5 puntos. Tanto las tasas de los hombres como de las mujeres descendieron de igual modo en la última década, en gran parte a causa de la educación, el envejecimiento y el efecto de "trabajadores desalentados".

Otras estadísticas de la OIT apuntan que en 2012 la proporción de féminas en empleo vulnerable era de 50 por ciento y la de los hombres 48 por ciento. Pero las disparidades son mucho más grandes en África del Norte, Medio Oriente y África Subsahariana. 

También resulta significativo el indicador de segregación por sectores económicos, pues las hembras están más limitadas en su elección de empleo en todos los sectores; por lo general éstas abandonan la agricultura en las economías en desarrollo y pasan de la industria a los servicios en las economías avanzadas. 

POLÍTICAS PARA REDUCIR DISPARIDADES

Para el director de Empleo de la OIT, José Manuel Salaxar-Xirinachs, las políticas dirigidas a reducir las disparidades de género mejorarán el crecimiento económico y los niveles de vida, y por consiguiente, reducen la pobreza. 

De ahí que la protección social, las inversiones en competencias y educación disminuyen la vulnerabilidad de las mujeres y favorecen el acceso al empleo. 

A ello se sumarían el rechazo a los prejuicios de género en las decisiones relativas a la carga de trabajo en el hogar, lo que varía de acuerdo con el nivel de desarrollo y la disponibilidad de electricidad, agua, saneamiento y transporte. 

Equilibrar la división del trabajo remunerado y no remunerado masculino y femenino, con programas que promuevan la repartición de las responsabilidades familiares es otra de las acciones que beneficiaría la igualdad de sexo y oportunidades. 

Similar efecto comprobado tiene compensar las desigualdades de las oportunidades de empleo entre hombres y mujeres, con medidas que eliminan el impacto negativo de la interrupción de la actividad profesional por una licencia de maternidad remunerada con derecho a regresar al puesto de trabajo. 

De lo que se trata es de cambiar los estereotipos para garantizar la implementación de una mentalidad contraria a la discriminación de género a nivel mundial, algo imprescindible para el mejoramiento humano. 

Para mayor información: http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&idioma=1&id=1028211&Itemid=1


 

Inequidad de género resiste puertas adentro

18/04/2011 - Cuba 

 

Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

(HABANA - IPS) Solo basta cruzar el umbral de la puerta principal, darle un vistazo a la cocina, acercarse al dormitorio y correr decididamente las sábanas de la cama. En el ámbito privado existen inequidades entre hombres y mujeres, que las juventudes cubanas afrontan entre la aceptación y la ruptura. 

"En la medida en que se acerca la relación a la intimidad, más se desdibuja la igualdad de género", señala a IPS la directora del Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ), Natividad Guerrero. "Ellas siguen estando en desventaja, aunque hay una voluntad estatal y ciudadana al respecto" para revertir esta situación, apunta. 

El peso de la casa recae en los miembros femeninos, lamenta Guerrero. En el orbe, las mujeres dedican al menos el doble del tiempo que sus pares en las tareas domésticas, según el informe "Situación de la mujer en el mundo 2010: tendencias y estadísticas", de la Organización de las Naciones Unidas. 

Heredera de la emancipación de la mujer dentro la Revolución Cubana, una parte de la juventud actual recibió contradictoriamente de sus padres una educación sexista. La reproducción de roles femeninos y masculinos se constata en muchos escenarios, agrega Ana Isabel Peñate, también investigadora del CESJ. 

No obstante, las generaciones más jóvenes perciben como naturales los cambios en los roles de género, cuando se trata de incorporación laboral y estudiantil femenina. Cuando se les pregunta, también reconocen que ellos deben compartir las labores hogareñas. 

Ray Denis Matamoros lleva una casa: se desenvuelve en la cocina y sabe cómo planchar y limpiar. Participar en las tareas domésticas forma parte de su rutina desde la adolescencia. Pero, "un hombre no debería permitir nunca que la mujer le falte el respeto y quiera demostrar que eres débil", sostiene convencido en diálogo con IPS. 

A pesar del tono pausado de su voz, este estibador de 26 años tiene un principio inquebrantable: "la mujer que está conmigo tiene que trabajar. Hoy todas pueden hacer lo que quieran". 

En 2009, las cubanas entre 15 y 24 años participaron en 36 por ciento a la economía nacional, según la publicación Mujeres y Hombres en Cuba de la Oficina Nacional de Estadística (ONE). 

Al mismo tiempo, el estudio mantiene un rostro femenino. Durante el curso escolar 2009-2010, detalla el mencionado informe, ellas representaron 57,3 por ciento en el preuniversitario, 37,2 del alumnado de la enseñanza técnico-profesional y 61,3 por ciento de la matrícula universitaria. 

De hecho, más alumnas que varones alcanzan el título superior en Cuba, tendencia que arrancó en los años 80 y se consolidó en la década pasada, según fuentes especializadas. Al cierre del curso 2008-2009, las mujeres fueron 59,8 por ciento de las graduaciones universitarias del país, indica la ONE. 

Sin embargo, ante la crianza de los hijos o el cuidado de las personas ancianas, asumen solas en su mayoría este peso y pagan con el abandono laboral. Hace dos años que Lorena Tápanes se limita a las tareas de su casa. Desde que nació su hijo, esta muchacha de 23 años dejó su empleo como contadora en una zona comercial capitalina. 

El tiempo pasa entre las carreras detrás del pequeño y el reducido mundo del vecindario. Ya se desespera por regresar a un trabajo. "Extraño la independencia de contar con mi dinero", explica la joven. Ella debió quedarse en casa para cuidar al bebé, así la economía familiar se afectaba menos. 

Las jóvenes de esta isla caribeña son las hijas de generaciones que lideraron la emancipación femenina en los comienzos del período revolucionario iniciado en 1959. Pero, la crisis económica de los años 90 sumió a la sociedad cubana en la supervivencia del día a día. 

Sin llegar a generalizarse, "se está dando un proceso de oposición al modelo que representaron las madres de las actuales jóvenes", revela la socióloga María Isabel Domínguez, en diálogo con IPS. Ven a sus antecesoras "muy liberadas e independientes, pero al final esclavas de todo y de todos", añade. 

Como rasgo distintivo, Domínguez destaca esta "polarización" entre las chicas cubanas. "Existe un polo de mujeres con niveles educativos más altos y otro con jóvenes que terminaron los estudios medios y no trabajan", describe. Estas últimas, insiste, tienen la aspiración de "ser una ama de casa, casada con un ‘buen partido’". 

Al contrario, las primeras luchan por tener relaciones sobre bases de igualdad, postergar el inicio de la vida en pareja y por la maternidad, una condición que llegan a cuestionarse en un desafío al valor social asignado al hecho de "ser madre", destaca la directora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS). 

Adriana de la Nuez persigue hoy metas similares a las de su madre cuando tenía su edad: ser una persona independiente y activa. Trabaja y a la vez estudia en el Colegio Universitario de San Gerónimo de La Habana. Anhela una pareja junto a la cual desarrollarse: no puede aplastarla, ni ser todo a su alrededor. 

"En las relaciones donde he convivido, compartí todo con mi pareja", recuerda, sobre el reparto de las tareas domésticas. Sus experiencias transcurrieron cuando ambos estudiaban. Podría ser muy diferente cuando uno o los dos trabajen y lleven un salario a la casa, analiza. 

Con costos para la estabilidad familiar, "el cambio cultural acelerado e intenso" de la mujer cubana carece del acompañamiento masculino. "El hombre ha tenido que admitir que el proceso ha sido un mal necesario", profundiza Domínguez. 

"No le queda más remedio que aceptar los espacios perdidos, pero no los cede voluntariamente", dice. 

Por Ivet González 

Para mayor información:
http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=97987